México: en la defensa de su soberanía
Recordemos que el ser humano inició el registro de su paso por el planeta, cuando aprendió a trabajar la tierra.
(Por Víctor Manuel Barceló R.).- Recordemos que el ser humano inició el registro de su paso por el planeta, cuando aprendió a trabajar la tierra: para producir sus alimentos, aprovechar los recursos maderables, de piedra, agua, viento y demás, para construir sus moradas y resolver sus necesidades. Entonces y desde entonces, comprendió que su seguridad tribal –después familiar y gremial- dependía del control que pudiera tener sobre tales recursos naturales. Se aplicó, desde ese momento a encontrar mecanismos –tecnologías diríamos ahora- para lograrlo.
Por ello, la lucha por la tierra es elemento básico para la conformación de agrupamientos humanos, hasta llegar a las grandes naciones en que vivimos ahora. Hablar de esa lucha es adentrarnos en todo lo que a la vida concierne. Están implícitos sus recursos, estén éstos encima, en las profundidades de la tierra, en el aire o en el agua. Su valor crece, cuanto más les requerimos, cuando somos más.
Ese valor de cambio universal es el que lleva a las guerras de conquista, que permean todas las épocas de vida humana. Hoy se disfrazan con acusaciones a gobiernos, de pueblos con petróleo, gas, minerales valiosos, agua en abundancia, de prohijar el terrorismo –antes fue el comunismo-. Esos pretextos cuestan muchas vidas y alteran territorios enormes de los “países atacados del mal” del siglo XXI.
Otros caminos más sutiles se utilizan con aquellos países, cuyos pueblos tienen una larga data de lucha por su autodeterminación. Pueblos que han sentido en carne propia – como el nuestro- la invasion imperial, que han perdido enormes territorios en guerras injustas, que se han subdividido –balcanizado- por que así se cumple con los designios del “divide y vencerás” de todos los tiempos.
En los momentos que vivimos, pareciera que algunos -además de los coludidos por intereses personales o de grupo- se olvidaron de enseñanzas de la historia. Incluso de la más reciente, que muestra como, mediante transacciones, aparentemente legales, se realizan acciones poco éticas. Tal es la “compra” de empresas nacionales –paraestatales se les denomina- que protegen para los pueblos a que se deben, diversos bienes que la naturaleza guarda: en su superficie, en el seno del territorio o en el fondo de mares y océanos, bajo jurisdicción de cada nación. Este es el nacionalismo que preserva y construye.
Eso se aprecia en la polémica en torno a la industria petrolera. Para servir a intereses internacionales se gasta mucho dinero y saliva, propalando falacias que los medios adornan para darles cabida en la mente del mexicano, de ese compatriota noble que no quiere o no puede profundizar, en el porqué de la avidez foránea por nuestros hidrocarburos. El ser humano que suma millones, que le mantienen desinformado y desconoce los resultados recientes en diversos países.
Argentina es el ejemplo más cercano y cruel, que tras haber vendido su empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Argentina –entre muchas otras empresas- a intereses privados, hoy tiene que acudir a tribunales del imperio, para resolver cualquier asunto con los nuevos dueños, incluida la defensa de trabajadores, sirviendo a las transnacionales.
La maquinaria propagandística no cederá en su apoyo a la propuesta privatizadora del gobierno federal. Pero en el fondo ese pueblo, aparentemente fácil presa de designios manejados en los medios, recordará lo que costó al país: primero, ser patria ante el acoso imperial; después, desembarazarse de efímeros imperios extranjerizantes y finalmente, jugársela con Lázaro Cárdenas, para rescatar el petróleo y crear PEMEX. La nación fortaleció su vida interna.
La paestatal requiere renacer, pero con recursos propios, que los produce y en alta. Está urgida de una limpia al interior y exterior de corrupciones, por cierto documentadas. Pero cuenta con personal de primera, funcionarios probos, capaces. Sobre todo, está profundamente enraizada en el ánimo popular. Padres y abuelos dieron, todo lo que tenían, para construirla vigorosa, ejemplar. Ojalá diputados y senadores estén sensibilizados y respondan al interés nacional.
Correo electronico: v_barcelo@hotmail.com Villah.
